viernes, 7 de marzo de 2014

Vida y tecnología, dudas de un apóstata


Alguna vez leí en una revista (de esas que ayudan a sobrevivir con dignidad en veladas snobs) un artículo sobre la evolución de los cubiertos. La cuchara, el tenedor y el cuchillo, que sin pensar usamos todos los días, tienen una añeja genealogía emparentada con las costumbres de la burguesía. En otra ocasión, al inicio de mi doctorado, mi tutor me explicaba que uno puede estudiar cualquier cosa a fondo. Es decir, todos los objetos construidos tienen una historia, provienen de algún lugar, y podemos trasladarlos a nuevos parajes.

Pareciera que hasta las cosas más contemporáneas del mundo (incluyendo las menos objetuales) son metáforas de otras más viejas: en las computadoras tenemos escritorios plagados de iconos; en Word tenemos topes de margen, retornos de carro y saltos de línea como en las antiguas máquinas de escribir; en facebook solicitamos amistad recíproca, llevamos agendas* de eventos*, y ¡hasta tenemos inboxes*!

Entonces, ¿qué es lo nuevo? ¿Acaso lo nuevo existe?

Pienso, pienso, y pienso, ¿qué sería algo "auténticamente nuevo"? ¿Lo "auténticamente nuevo" tendría que crear un campo semántico disjunto al de los ya existentes?

Entre los artefactos tecnológicos de nuestro tiempo en que puedo pensar, sólo encuentro aquellas metáforas que extienden el campo semántico de sus ancestros. El concepto de fotografía abarca hoy más gracias a los sensores digitales y los programas de manipulación y distribución de imágenes. El concepto de la música es ahora más amplio gracias a los sintetizadores, tornamesas, micrófonos piezoeléctricos, y miriadas de efectos electrónicos. La correspondencia y la comunicación se expandieron increíblemente con Internet y los celulares. Incluso estos últimos, y sus parientes las tabletas, tienen "teclados" y "botones".

Todo esto modifica el cómo manejamos nuestras vidas, nuestra interacción con los demás, y está muy bien. Pero, ¿nos cambia a nosotros?

Puesto de otra forma: ¿el concepto de "humano" se extendió con el boom tecnológico?, ¿con la revolución industrial?, ¿con la Ilustración?

¿No será que estamos exagerando las implicaciones de la tecnología, particularmente de Internet?

Pienso, sin embargo, en un caso donde la tecnología sí podría cambiar profundamente nuestra vida, nuestra vida interior. Hay un caso donde la tecnología sí nos da una opción más que no existía antes. Si quisiera saber cómo la tecnología puede modificar nuestra realidad, darnos a los humanos una nueva alternativa de vida, si quisiera saber eso, creo que la persona adecuada para responderme sería un transexual.

* Que el Dios del buen español dispense mis anglicismos.

~o~

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