De pronto algo cambió. Aquello de la objetividad en la fotografía se quedó oscilando en mi cabeza. Entendí que si quería tomar buenas fotografías, debía ocuparme primero de la estética. ¿Cómo adscribir el mote de artístico a algo que no se ocupaba de lo bello?
Bastante obvio, ¿no? Todos pensamos diferente, y aquello que se manifiesta clara y naturalmente para algunos, representa un completo misterio para otros. Entonces, ¿cómo cambiar el rumbo? Eché mano de la mejor herramienta que probablemente tengamos los seres humanos: el humor.
Como broma conmigo mismo, con estas fotografías imagino un diálogo con el observador parecido al siguiente:
―¿Hey, cuál es el punto de esta fotografía?
―Aquí, mira, éste.
―¿Dónde, cuál?
―Éste, ¡el que tú quieras!
~o~






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