Bajo el agua se escuchaba tu respiración. Es por eso que, dada semejante imagen, me preguntaba si en verdad me temías o si sólo era un capricho más. Y aún con todas esas emociones quemando el aire, ¿cómo reprochar tu comportamiento azaroso si era, bajo todo juicio inteligible, parte de tu naturaleza?
Ella fue quien te dejó ir esta vez. ¿Te liberó de nosotros? Entropía pura: esa fuerza honda de tu alma que, deshilvanándose con la agitación de tu cuerpo, se derramaba allí por donde pasase tu carrera. ¿Jamás volverás? Qué pregunta tan estúpida: la verdadera cuestión se airea en que ella tuvo a bien abrir la vieja aldaba roja que te contenía. Rojas las lozas de tu otrora cárcel y roja la piedra de mi nueva casa: el color es el único parentesco aparente entre amabas edificaciones. Eso, y que, excluyendo la superficial apariencia, ambas son finitas.
Y en ese caldo donde se ahogaba el recuerdo, allí donde se perdía tu imagen y aparecía la mía, la de ella, y la de mi casa, espero ver frente a mí tu sacrificio. Espero ver si es preferible morir ahogado a volver al cautiverio.
~o~
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